Precepto evangélico de la Hermandad:
AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO OS HE AMADO

Comienza la Misión (anécdotas e historias)

Texto del blog “bajo el costal Sevillano”

¡DIOS QUIERE HABLARTE! ¡ÓYELO!

Con este lema, Sevilla hizo máximo honor al título que lleva su nombre: “… y mariana ciudad de Sevilla”. 
El día 12 de enero del año 1965 el Cardenal Bueno Monreal instituía la celebración de las Santas Misiones, en gran parte con ayuda de las Hermandades y Cofradías, que se mostraron desinteresadamente en participar en tan magno acontecimiento, tanto juntas de gobierno como párrocos. 
El acto de fe consistió en llevar las imágenes de las hermandades (tanto cristíferas como marianas) a distintos puntos de la ciudad donde por aquellos entonces no existía referencia devocional debido a la pobreza y lejanía que distanciaba citados barrios del centro sevillano. 
Más o menos, fueron 50 cofradías y hermandades las que decidieron llevar a los más necesitados la palabra de Dios. Los extramuros de Sevilla vivieron jornadas inolvidables y, a su vez, anecdóticas.
En su mayoría, las Hermandades trasladaron a sus imágenes en andas, aunque algunas permanecieron en sus templos, como la Macarena, que regresó de su lugar de misión quizá por miedo, en los que se celebraron cultos extraordinarios. 
Muchas imágenes que dieron verdadera vida a barrios desfavorecidos y carentes de fe que por aquellos días fueron dotados de la mayor bendición que Sevilla a su vez nos brinda. 
Así pues, se vivieron momentos inolvidables que se convirtieron en anécdotas que quedarán para el recuerdo. El Señor de la Vera Cruz y la Virgen del Valle cruzaron el puente de Triana, o como aquel famoso hombre que bramó al cielo aquella frase… “¡que venga el Gran Poder a verme a mi casa!”
Y el Señor nunca falta a su palabra. Una noche lluviosa de enero de 1965, el Gran Poder avanzaba por las calles de Nervión sin refugio alguno, cuando decidieron pernoctar en un garaje cercano a aquel lugar. Aquel hombre llegó a su casa y, abriendo la puerta de su garaje, se encontró de frente al Señor del Gran Poder, iluminado únicamente por dos pequeñas velas que engrandecían, más si cabe, su rostro de Dios eterno, haciendo que tan dichoso hombre, con gesto desgarrador, echara a llorar ante la imagen del Señor del Gran Poder que, efectivamente, había ido a verlo a su casa. 
La Virgen de los Reyes también participó en las Misiones Generales, con dos procesiones extraordinarias los días 14 de febrero y 31 de marzo, siendo este último el día que clausurase las Santas Misiones, con una multitudinaria misa en la Puerta de Jerez.

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